Remembranzas de un rincón de Mérida
Caminar por la ciudad es realmente una delicia, un privilegio aunque diría algo más que eso, un orgullo. Así lo fui sintiendo al ir recorriendo la calle 60, de la 59 hacía la 57, sin duda unas de las más hermosas del primer cuadro de la ciudad, también conocido como el Centro Histórico de Mérida. Justamente sobre ella, pude disfrutar el andar de la gente, cada una ensimismada en lo suyo, cada rostro una expresión, un destino que se manifiesta, se transparenta sin más nadie que fije un instante la mirada en la otra, sepa o imagine de que o de quién es. El cruce de la gente no se detiene, es continuo sin parar, rostros vienen y se van, figuras que en un rato no sabrán, quien estuvo o pasó por su lado, como sombra sin final. También me deleite mirando al infalible bolero, en su mismísimo lugar, desparramando su energía y candor, sobre un par de zapatos, bacaleados rítmicamente en un ir y venir, un subir y bajar de unas honradas y diestras manos, cual artista de gran trayectoria y nivel, dejando su rúbrica en cada zapato, como huella eterna de algo muy personal. Esto es, el resplandor de un espejo que no se puede imitar. De la misma forma, disfrute las parejas de jóvenes adolescentes practicando el flirteo, en un loable intento de recuperar, el romanticismo que en estas nuevas generaciones, tal parece que se diluye como fetiche del ayer. Más el principio es el mismo, no se puede negar, una mirada a los ojos diciendo mil cosas sin hablar, una tomada de manos... ¡ qué tierno!.Todo un intercambio de emociones sin parar, ¿usted cree que estos jóvenes tendrán deseos de comunicarse?. Cuantas cosas vividas en una mirada ligera, tal como fue ayer, como lo es hoy y lo será mañana al realizar una breve salida, como siempre en la ciudad.
*Poesía
A una caída de Agua
Es tu remanso
Una caída libre sin tiempo.
La cual transparentas
A través de ti misma.
Te conviertes en una visión,
Incomparable.
Solamente superada,
Por la naturaleza misma.
La cual muestra su grandeza
En la policromía de colores
De su ambiente incomparable.
Aún así,
No has querido ser
Una simple caída argentina.
¡Presuntuosa!,
Le has robado
Al arco iris sus colores.
Mostrándote ufana
A los ojos de todos,
Que perciben tú coquetería.
¡Agua presumida!
Que acaricias el vacío,
Con tus multicolores
Como si fueran…
Solo tuyos.
1 comentarios:
Y pareciera que al pasar los años las cosas cambian, pero nó, el bolero sigue ahí, también el hombre de la esquina, es una poesía para los ojos caminar por la ciudad.
-Diosich
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